25 Nov
Kabo y Platón Review
Esta es la versión sin editar de mi reseña de Kabo y Platón, película puertorriqueña que se estrena esta semana, que se publicará mañana en El Nuevo Día y www.endi.com
Reseña de Kabo y Platón
Por
Juanma Fernández-París
De la misma forma que cuando la primera versión de Scarface (1932) tuvo que sufrir comparaciones a The Public Enemy (1931), el filme de gangster de mayor impacto hasta aquel momento, el punto de referencia para Kabo y Platón, independientemente de que sea justo o no, va a ser Talento de Barrio. Ambos filmes ocupan el espacio del drama urbano y cuentan con protagonistas que tratan de escapar las trabas de su realidad social a través de la música, específicamente el género del reggeaton. Afortunadamente, los elementos en común entre los filmes se quedan ahí.
Como producción Talento de Barrio contaba con una sola herramienta efectiva, el voltaje y el carisma de Daddy Yankee como intérprete. Kabo y Platón contará con actores desconocidos en sus roles protagónicos pero la producción de Propaganda Films los ha rodeado con un valor de producción de primera. Aún cuando el guión y el montaje dramático de la historia flaquea (lo cual sucede en pocas ocasiones), el temple de la dirección y la agilidad del lenguaje audiovisual del filme nunca deja de ser rica ni de estimular al espectador.
Vale la pena mencionar que lo que carecen los intérpretes centrales (Aramis Benítez y Albert Torres)en fama, es más que compensado en su naturalidad y efectividad como actores. Esto resulta crucial considerando que la efectividad de la trama del filme reside en ellos. El filme comienza retratando el entorno social que va a llevar a los personajes a tomar decisiones que le crean conflictos. Kabo (Benítez( ha sido marcado por el asesinato de su hermano mayor y es consumido por los sentimientos conflictivos que siente hacia su madre, quien está más preocupada por complacer a su parejo que en las necesidades de su hijo. Platón (Torres) tiene que balancear sus arranques de creatividad para escribir con la realidad de que es el único que puede hacerse cargo de su abuela, cuya salud se ha ido deteriorando.
Para ambos jóvenes la única posibilidad de una vida mejor es tener éxito en el mundo de la música como interpretes de hip hop y reggaeton. En la búsqueda de ese sueño los protagonistas se ven obligados ha recibir la ayuda de Kilate (Aurelio Lima), el cabecilla del barrio que se ha convertido en un hombre de negocios al controlar como es que se distribuye las drogas. Esta alianza trae consecuencias mortales para los protagonistas que los obliga a revaluar sus prioridades y el precio que tienen que pagar para realizar su sueño.
Aunque la propuesta visual del filme deja claro que la producción busca la desnudez social de un filme como City of God, el desarrollo dramático lo acerca más a un filme como Boys in the Hood, que en su momento retrató con honestidad emocional la realidad social de sus personajes. Todos los departamentos claves de este filme (el elenco, la dirección, la fotografía, etc.) cumplen con este objetivo. Aún así el filme cuenta con ciertos tropiezos que son resultado directo de la edición, la tercera vez que se escribe la historia de un filme. Esto resulta particularmente frustrante considerando el talento evidente que hubo en las primeras dos veces, el guión y la dirección, que se construyó la historia.
En varias ocasiones durante el filme la trama frena para que la pantalla quede apoderada del equivalente de un video clip del género en que los protagonistas quieren triunfar. Aunque en algunas ocasiones esto es efectivo, la mayoría de las veces esto parece corresponder más a una preocupación de la producción por el potencial comercial del filme, que en una convicción en que es la mejor forma de contar la historia. De la misma forma, la edición no permite que las historias secundarias del filme queden entrelazadas efectivamente con el drama central.
A pesar de estas limitaciones, el filme honra con estilo el género en el cual ha posicionado la historia de sus protagonistas y más importante aún, su efectividad emocional le da fuerza al retrato que presenta de varias realidades de la sociedad puertorriqueña contemporánea. Esto es un antídoto necesario para filmes como Feel The Noise, producciones estadounidenses que explotan nuestra cultura a la misma vez que la trivializan.

